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Obituarios: un homenaje a Papá



Cada tercer domingo de junio se celebra en Paraguay y el mundo una fecha muy especial, el Día del Padre. Esta es una fecha para honrar a quienes nos acompañan en este rol, y homenajear este hermoso vínculo que tenemos con quien nos guía, nos enseña y nos contiene a lo largo de nuestras vidas. Este 21 de junio, muchos tendrán la fortuna de poder celebrarlo en persona, y otros, aunque ya no puedan abrazar a su padre ese día, pueden abrazar los recuerdos y las enseñanzas que dejó éste en sus vidas.


Desde Jardín de la Paz, creemos que una hermosa manera de homenajear a los que ya no están es contar en un obituario su historia y compartir con la comunidad su legado. Un obituario escrito con sentimiento y dedicación puede ser un hermoso regalo para ese papá, que aunque ya no esté físicamente con nosotros, nos acompaña siempre.


Compartiendo estos obituarios con ustedes, hoy rendimos homenaje a todos los hombres que eligieron y supieron ser: PAPÁ.


Don Rafa

“Rafael Prieto nació un soleado 27 de septiembre de 1924 entre árboles, cerros y ríos que decoran el Departamento de Alto Paraná. Conocido en el barrio como Don Rafa, uno siempre lo iba a encontrar sentado en su jardín con dos sillas libres y un tereré, listo para compartir con quien lo visitara, historias de su época. Don Rafa era una persona que había recorrido el país de punta a punta en su juventud, y aunque sabía mucho de todo, siempre escuchaba primero. Vivió una vida plena y feliz junto a su gran amor, Ramona Giménez, y aunque nunca tuvieron hijos propios su casa siempre estaba llena con vecinos y niños del barrio que encontraban en él la sabiduría, protección y compañía de un gran PAPÁ. Hoy despedimos a Don Rafa con esa serenidad y templanza que siempre le caracterizó, y el gran cariño de una comunidad que abraza su recuerdo y agradece infinitamente el legado de paraguayo ejemplar que dejó para generaciones futuras.”


El Dr. Torres

“Nacido en la ciudad de Asunción, un 19 de marzo de 1938, desde muy joven, José Antonio Torres supo cuál era su vocación: cuidar y sanar a las personas. Su amor por la lectura, su curiosidad por el cuerpo humano y su don de servir a los demás lo llevaron a concretar el gran sueño de ser médico en 1962. Fue mientras estudiaba que conoció a su esposa, Maria Elvira Peña, una encantadora joven que venía de la ciudad de Encarnación para dedicarse a la docencia en la ciudad capital. Juntos formaron una hermosa familia con 4 hijos; Lucía, Carlos José, Luís Antonio y Julia. Recuerdan sus hijos, que al llegar a casa después de largas jornadas en el Hospital Nacional, el Dr. José Antonio siempre entraba tarareando una melodía e iba directo a lavarse las manos y los esperaba con una sonrisa y sentado estirando sus largas piernas en el estar de la casa para saber cómo habían pasado su día. Fue un padre muy presente, que aunque tal vez no pudo asistir a todos los eventos familiares por exigencias de su profesión, siempre estaba cuando tenía que estar. Supo transmitir a sus hijos y nietos importantes valores como la honestidad, la solidaridad y la responsabilidad a través de su entrega como profesional y ciudadano. Hoy sus hijos, que de niños lo veían como un gigante… lo ven aún más GRANDE y se despiden de él dejando en lo más alto, su recuerdo y su ejemplo.”


Carlitos

“Carlos Manuel Antúnez nació el 10 de octubre de 1976 en la ciudad de Coronel Oviedo y se despidió inesperadamente el 12 de mayo con tan solo 44 años. Carlitos, como lo llamaban sus amigos y familiares, desde siempre fue un apasionado del fútbol y llevaba a todos lados y con mucho orgullo su camiseta aurinegra. De chico nunca iba a ningún lugar sin su pelota, y tenía la capacidad de armar un partidí, en cualquier plaza del barrio Pinozá, en solo minutos. Su lugar en el mundo siempre fue la cancha, y fue ahí donde conoció a su esposa, Lucía, otra aficionada del equipo aborigen. Se casaron con tan solo 24 años, y desde ahí formaron una hermosa familia. Cuenta Lucía que ir a la cancha los domingos era tan importante y tan impostergable para ellos como ir a misa. Juntos, como familia vibraron con cada victoria, y fieles a sus pasión aborigen, acompañaron también cada derrota. Más allá del deleite y la felicidad que el deporte trajo a su vida, Carlitos adquirió también importantes enseñanzas de éste. Aprendió, por ejemplo, que en la vida uno tiene que saber ganar y saber perder, y esto es algo que supo pasar y transmitir sus hijos. Como el solía decir, “Uno nunca pierde, o se gana o se aprende”. Hoy, desde las graderías y con el corazón lleno, Lucía, y sus hijos, Manuel y Javier, recuerdan y homenajean la vida de un gran padre que los acompaña desde arriba.”


Cada persona y así cada padre, es único; y cada una de sus vidas tienen un importante legado en las nuestras. En Jardín de la Paz, podemos ayudarte a redactar un obituario, y con este detalle tan especial y este hermoso gesto de amor, homenajear a tu padre hoy y para siempre. Te invitamos a visitar esta sección en nuestra web haciendo clic aquí (link: www.jardindelapaz.com.py/exequias). Y si te gustaría tener más información sobre este servicio,podés llamarnos al (021) 626 7000.

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