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  • Jardín de la Paz

Si perdiste un embarazo, también sos Mamá

Actualizado: 23 nov


superar la perdida de un embarazo

Perder un embarazo es un proceso sumamente doloroso del cual lamentablemente no se habla mucho. Tal vez, porque algunos lo consideran algo muy privado, íntimo. O tal vez se hable, pero poco, porque se considera algo que solo se puede compartir entre mujeres de cierta edad, o sencillamente puede ser que a veces carecemos de empatía para comprender o medir la importancia de lo sucedido, y el efecto que puede tener en una persona o una pareja.


No medimos el hecho de que esa mujer ya empezó a sentir los cambios en su cuerpo desde antes de recibir la noticia de que iba a ser mamá.


No medimos la ilusión que esto despertó no solo ella, sino también en su pareja, los abuelos, tíos y tías, recibir a este bebé.


No medimos el dolor, físico y emocional, que tuvo que atravesar al perder ese embarazo.


Y nos cuesta tal vez dimensionar que existió una fuerte conexión de dos vidas en un mismo cuerpo, dos almas que se encontraron y se tuvieron que decir muy pronto, adiós.


En la terapia de constelaciones familiares, un tema recurrente es el reconocimiento de estas almitas. Muchas de las mujeres que constelan hasta por otros temas, descubren que lo que deben o deberían hacer para poder seguir adelante es reconocer que ese bebé existió, que esa alma estuvo con ella y en este mundo, antes de volver a partir. Es increíble que recién cuando hacen esto, y se despiden de esa alma como corresponde, se “destraban” un montón de cosas en otros aspectos o ámbitos de sus vidas, que podemos creer no guardan relación con este evento o este duelo.


Y es que tiene sentido. Esa mujer fue mamá, por más de que el embarazo no llegó a término. Esa vida existió, y esa alma estuvo aquí.


Por eso, es tan importante reconocer que una pérdida es un duelo. Y todos los que rodeamos a esa mujer debemos respetar ese proceso como tal. No le digamos “menos mal perdiste a las X semanas, cuando era muy chico todavía”, o “quizás venía con algún problema, por algo habrá sido”, o peor aún, “no hubieses hecho ejercicio, te hubieses quedado quieta”. Ella ya siente una culpa inmensa, por más inexplicable que sea, por haberlo perdido. Y para ella, no era “muy chico”. Ya era su bebé, su bebé perfecto y esperado.


Lo mejor que podemos hacer es decirle “estoy aquí para vos”, “entiendo tu dolor”, y acompañarle en su proceso de duelo con una llamada, una visita, una merienda, o llevándole un libro. Porque, aunque ella se tuvo que despedir demasiado pronto, no pudo abrazarle, o siquiera escucharle llorar, desde la primera conexión y para siempre, se convirtió en Mamá.

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